FUNDAMENTACION DEL PROYECTO DE DESARROLLO INSTITUCIONAL
ACIAR-EL REPARO - 2004
Autor: Lic. Daniel A. CAMPAGNA
La Argentina, en los comienzos del 2004, se encuentra en una crisis estructural que lleva alrededor de veinte años.
Los síntomas relevantes y observables han sido una progresiva involución del crecimiento económico y un amplio repliegue social, motivado por la depresión del nivel adquisitivo promedio y la consiguiente pauperización de las condiciones de vida de grandes masas de la población general.
La pérdida de puestos de trabajo, producto del cierre de empresas y comercios, la desindustrialización típica de fases de depresión económica, la falta de reinversión en economías regionales, la privatización de empresas estratégicas que se hallaban en manos del Estado Nacional, el crecimiento irracional de la deuda externa y sus servicios, produjeron un aumento progresivo de los índices de desocupación que se estabilizaron, en la última década, en niveles alarmantes.
Según cifras oficiales, del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la República Argentina (INDEC) podemos observar en el siguiente cuadro, la evolución de estos índices de manera visual.
n el cuadro se observa que el nivel de desocupación, en los últimos diez años, nunca fue inferior al índice del 11.1 % medido en mayo de 1994. Siempre fue superior y en crecimiento, con altibajos, hasta llegar al "pico" de 22.0 % en mayo de 2002 y estabilizarse en 16-17 %en mayo de 2003.
Estos índices de desocupación abruman si se los compara con los índices de pobreza e indigencia.
En la población que nos interesa investigar, varones y mujeres menores de 22 años, subdivididos en dos grupos etáreos: de 0 a 14 años y de 15 a 22 años, se observan signos muy preocupantes que afectan, en todos los niveles, al desarrollo de un proceso de crecimiento y desarrollo nacional.
Sobre un total de 10.120.000 jóvenes, menores de 22 años, censados en la Argentina en octubre de 2002 sobre 31 aglomerados urbanos de todo el país, resultó que: 7.194.000 jóvenes, el 70% del total, son pobres.
En niños de 0 a 14 años ( 1 ), 4.861.369 niños son pobres (el 73.5 del total) de los cuales, 2.733.900 son pobres indigentes (el 41.4% del total)
Según datos oficiales( 2 ), entre principios de la década del '90 y la del 2000, puede afirmarse que el por ciento de niños y adolescentes pobres del Area Metropolitana, casi de duplicó, mientras que el de indigentes, se cuadruplicó.
"Otro modo de leer estos indicadores de alerta que dan cuenta del deterioro de la calidad de vida, resulta de observar la presencia de los indigentes entre los niños pobres. Mientras que en 1991, el 16% de los niños y adolescentes eran indigentes; en el 2001 este porcentajes asciende al 39%.
Los adolescentes constituyen el grupo de edad más afectado. El porcentaje de adolescentes pobres pasó de 22.8% a 53.9%, lo que significa un aumento de un 136% y, el de los adolescentes indigentes , pasó de ser el 3.2% al 22.2%, lo que significa un incremento porcentual del 592 por ciento."( 3 )
Una diferencia social estratégica, que se afirma según las condiciones generales de vida, es la educación.
Siguiendo con el análisis, las diferencias sociales (económicas), impactan directamente en las condiciones generales de vida y, especialmente, en la educación, afectando de manera directa y explícita, la posibilidad de planificar y apropiarse de su futuro, en los niños hasta 15 años de edad.
En niños de 5 a 17 años de edad, indigentes y pobres, el índice de no asistencia a la escuela, es hasta 6 veces superior que en los niños y adolescentes que se encuentran en el estrato de mayor nivel socioeconómico.
Las diferencias sociales se convierten, literalmente, en diferencias de oportunidades y pérdida de derechos en un país que, a millones de niños y adolescentes, se les presenta como hostil, incómodo, segregador e indiferente.
Sin otra responsabilidad que la de haber nacido en hogares pobres, estos niños son condicionados a una marginación creciente del resto de la sociedad que, a la vez, se empobrece y complica progresivamente con una población general menos instruida, menos capacitada, más demandante, con miedo e inseguridad, con violencia creciente.
Esta violencia social, irracional y en permanente desarrollo, llevó a la población a modificar sus costumbres y pautas cotidianas de manera estable y permanente.
Asimismo la violencia social actúa, en el imaginario colectivo, generando una patológica sensación de inseguridad.
Como ejemplo de "reacción" a la sensación de inseguridad, la Argentina se "enrejó". Cada casa, puerta, cerco y ventana, se encuentran "blindadas" o enrejadas. Los niños y jóvenes de clase media no frecuentan las calles a no ser que lo hagan acompañados o con custodia.
También crecieron exponencialmente los robos con armas, los asaltos a la propiedad privada, los secuestros de personas y los "secuestros express" (modalidad de secuestro a personas poco adineradas, para solicitar rescate de bajo monto pero que ofrece dinero rápido y con poco riesgo).
Los jóvenes y adolescentes pobres desarrollaron modificaciones culturales desde su falta de proyecto, las malas condiciones de vida, el abuso de alcohol y drogas, la violencia.
La ética social de esta cultura marginal es de sobrevida: robar, lastimar, pelear, ser "chorro" (ladrón), alcoholizarse y drogarse, cuidarse de que no lo maten, tener historia de presidiario, es vivir, tener una vida o ser alguien.
Si observamos otros síntomas parciales, como la mortalidad infantil, notamos que a medida que desciende el nivel de edad de la madre, su condición social y su nivel educativo, aumentará significativamente la mortalidad de sus hijos menores de un año.
Entre los hijos de madres adolescentes se registra la tasa más alta de mortalidad infantil (La tasa es de 20.1 fallecidos por mil nacidos)
Si observamos, además, la calidad educativa de la madre adolescente, se nos presenta que en las madres menos instruidas (hasta primario incompleto), el índice trepa a 28.2 muertes de niños menores de un año cada mil nacidos vivos.
|