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"La Comunidad Terapéutica en la rehabilitacion de la drogadependencia y el alcoholismo, resumen de una experiencia."
Autores: Lic.. Elsa Gervasio y Lic. Daniel Campagna.

Capítulo 2: La Comunidad Terapéutica como concepto: "Hacia una ética de la Comunidad Terapéutica en el tratamiento del paciente adicto" - Lic. Daniel Campagna

"Soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño".
MIGUEL DE UNAMUNO

Voy a situar en este capítulo aquellos aspectos que den cuenta del concepto de Comunidad Terapéutica y, a la vez, presenten la Ética del modelo de la Comunidad Terapéutica en el trato ofrecido al paciente adicto para su rehabilitación. No abundaré en el análisis de las características patológicas de la personalidad drogodependiente, ni puntualizaré técnicas específicas del accionar terapéutico comunitario.

Aclaro entender al trabajo científico, en el conocimiento de la estructura latente de lo humano, como una búsqueda dialéctica entre lo que aún hay por conocer y su contrastación con la realidad humana, presente y convocante, en nuestra tarea cotidiana.

Soy conciente de que "como no siempre las diferentes creencias son explícitas y manifiestas, quien piensa y crea fundando en ellas su acción, las pone en evidencia en el contexto del sistema donde se articulan."

La Comunidad Terapéutica posee un objetivo común a sus integrantes y una organización específica que actúa en forma conjunta en función de combinar mecanismos que le permitan cumplir su función correctivo-estructurante. Las disfunciones de personalidad o sociales que se asistan en ella pueden ser variadas, aunque en este trabajo resaltemos la asistencia de pacientes que hacen abuso de drogas como principal sintomatología.

¿Qué se entiende por disfunciones de la personalidad y sociales?

Defino de esta manera a aquellas formas diferentes de organización psíquica que promueven un modo de integración social que lleva, a la persona enferma, a sumirse en el "polo alienado" de la sociedad que integran.
Así, el sujeto enfermo, entrampado en un conjunto de fuerzas que desconoce, posee un trastorno de identidad pero, además, es condenado socialmente a la anidentidad como persona. Se lo sume en el desprecio y la indiferencia y, así, comienza a transitar el camino hacia lo irrescatable por la cronicidad a que es encadenado su sí mismo.

Parte de estas fuerzas que le son desconocidas, son las acciones sustentadas por un sistema social que promueve determinados modelos de vínculos entre los hombres.

Las formas de sometimiento del hombre por el hombre, del hombre por la economía y el estado, de los estados entre sí y las formas de explotación de la naturaleza por el hombre, promueven vínculos alienados y destructivos.
Estos vínculos se hallan sustentados en determinados modelos de progreso y desarrollo que, por ejemplo, se basan en peculiares modos de producción-consumo y en la concentración progresiva del poder político y económico.
El egoísmo, la injusticia y el desprecio por la naturaleza y la vida, son los valores negativos que se desprenden de estas propuestas promotoras de un proyecto que se organiza en sistemas nacionales e internacionales de poder.
En este marco el adicto comienza y puede concluir, conminado permanentemente a su despedazamiento interno, siendo el depósito de un conjunto de contradicciones que lo exceden y de las que da cuenta, al observador externo, como objeto corpóreo de la denuncia que conlleva su existencia.

Somos concientes de ser parte de una sociedad en transformación cultural permanente y pretendemos promover otros valores que sustenten la promoción de la persona humana.

Al atender a un adicto solo asistimos al efecto de un problema que lo supera ampliamente y que nos abarca. Por eso contamos con respuestas para una patología individual, pero son muchos los interrogantes que aún nos plantea el problema social que esa patología denota.

Por tanto nuestra misión debe tener un doble cometido: a) asistir a la persona enferma y b) trabajar para la salud social. Esto es, en la prevención para la eliminación de las causas condicionantes de esta epidemia que es la toxicomanía.

Al adicto no debemos vivirlo como un extraño.

Somos cómplices de su misma naturaleza en el sentido de estar complicados, en esencia, con las mismas variables constitutivas aunque contemos con otra organización de personalidad que nos aporta diferente calidad de vínculo e intercambio con el mundo que nos rodea.

Cuando nos referimos a la Drogadependencia como una epidemia estamos, no solo valorando su despliegue en la trama social, sino acentuando el aspecto de no existencia de "barreras naturales" contra la enfermedad. Cualquiera puede ser afectado, desconociendo las condicionantes previas a la aparición de la patología.

En acuerdo a esta presentación general, podemos plantearnos en que tópicos se distingue el modelo ético que promueve la Comunidad Terapéutica en el tratamiento de la persona que hace abuso de drogas. Desarrollaré tres puntos:

A) Los principios generales que deben regir a la organización comunitaria.

B) El concepto de rol terapéutico.

C) El modelo de abordaje de la persona adicta.


A) Los principios generales que deben regir a la organización comunitaria:

La institución, organizada como Comunidad Terapéutica, ofrece un marco social reestructurador de la personalidad adicta.

Para que este proceso transformador pueda desarrollarse existe, entre otros, tres principios básicos a seguir:

A.1) El principio de autoridad:

Uno de los observables más consistentes, que dan cuenta de la anomia del adicto, son las fallas graves de la función paterna dentro de la estructura familiar en que se gesta.

Esto le promueve: pobreza en la identidad, falta de límites, confusión y miedo respecto de la realidad que lo circunda, trastornos en el manejo de la agresión, y perversión de los valores que guían el propio accionar. El adicto pide, de múltiples formas que deben ser entendidas, la reinstauración de esta función paterna que le permita detener su camino hacia la autodestrucción y le posibilite una nueva organización de su mundo interno.

La Comunidad Terapéutica, conciente de ésta problemática, apoya su estructura en un principio de autoridad que se basa en el cariño, en el respeto y en la conducción de las personas que la integran hacia una independencia de criterio, buscando el logro de una libre autodeterminación, entendiendo a la libertad como responsabilidad en acción.

El ejercicio de este principio genera la instalación de una serie de normas que organizan el funcionamiento del conjunto. Estas normas deben ser explícitas y conllevar un permanente análisis del accionar de las personas respecto de las mismas.

A.2) El principio de encuadre de la tarea institucional:

El modelo de autoridad y la instauración de normas que rijan el funcionamiento del conjunto, generan un modelo de encuadre de la tarea institucional. Este debe ser siempre objeto de estudio y mejora en función de generar lazos cada vez más solidarios entre los miembros de la Comunidad Terapéutica.

"Lo importante en este sentido es comprender que la norma debe respetarse y preservarse, no importa cual sea, que su ruptura implica una consecuencia, y que la relación teórica entre la norma, su transgresión y la consecuencia inmediata, funcionan con igual fluidez en la práctica."

Esto tenderá a promover una autocrítica, en los componentes, que compare el modo de satisfacción de la necesidad individual en función de las necesidades y bien del conjunto.

Esta promoción de la actitud solidaria enfrenta al adicto con las fantasías de "liberación individual" que sustenta y con la que trata, permanentemente, de disfrazar su tragedia.

La serie de normas que explicitan el modelo de encuadre de la tarea tienen el doble cometido de encauzar la función terapéutica institucional y de servir para el análisis del contenido de los "acting-out" permanentes que genera el adicto en la convivencia. En estas "actuaciones" puede quedar involucrado el personal al ser objeto de una inducción o al quedar identificado contratransferencialmente con algún aspecto de la conflictiva del residente en tratamiento.

Toda cuestión no explícita del encuadre promoverá confusión y creará un espacio apto para la aparición de serios conflictos institucionales cuya superación implicará un alto costo en tiempo y dedicación a los miembros de la Comunidad.

"El encuadre es una meta a lograr, que debe ser introducida para que el proceso terapéutico pueda alcanzarse. El encuadre representa el límite discriminatorio entre la realidad y lo imaginado" . Y si pensamos, junto con Freud, que "...el nuevo mundo exterior fantástico de las psicosis quiere sustituirse a la realidad exterior", debemos entender que el modelo de encuadre es el que nos posibilita el modo de observación, análisis y modificación de la realidad interna del residente.

A.3) El principio de pertenencia a una organización:

Este principio es observado en el sentido de estar siempre concientes de ser partes de una estructura.

Desde el concepto de Comunidad Terapéutica se sostiene que es la Institución la base de la actividad de sus miembros y es en función del conjunto donde cada actividad terapéutica adquiere sentido.

Las actitudes individualistas, las acciones solitarias de sub-grupos sectorizados, por ejemplo, afectan el sentido orgánico de acción que tiene la Comunidad y deben ser analizados como desvíos que atentan contra la función terapéutica que desea desarrollar.

Es un dato de la realidad que las organizaciones asistenciales que no realizan una evaluación sistemática de su propio desempeño, tienden a reproducir, en su seno, aquellos mecanismos patológicos que pretenden curar en sus residentes.

Esto constituye una identificación institucional con su objeto de trabajo y de la cual podemos observar, brevemente, los siguientes ejemplos: la escisión y el aislamiento de diferentes equipos de trabajo, la disociación entre tareas "terapéuticas" y "no terapéuticas", la ausencia de autoridades responsables o el autoritarismo que promueven rivalidades patológicas que llevan a la generación de "acting-out" en miembros del personal, la esquizoidía en la circulación de información, la negación de los conflictos dentro de la institución que promueven una visión distorsionada de la realidad organizacional.

B) El Concepto de rol terapéutico:

El modelo comunitario amplía la concepción del modelo tradicional de "pareja terapéutica" (Médico-Paciente).
El residente es sujeto activo de su propia cura dentro de una organización puesta al servicio de entenderlo y ayudarlo a cambiar, y dentro de la cual es respetado como persona.

Así, en la práctica cotidiana, mostrará sus capacidades y dificultades aumentando la posibilidad de conocimiento (insigth) que tenga de sí mismo, debido al múltiple abordaje de sus modelos conductales que se realizan en las diferentes actividades del programa terapéutico.

Se lo observa como interactúa al trabajar en diferentes grupos, o cuando juega, come o duerme; cuales son sus modos de liderazgo, su relación con la organización y las normas, como acciona en situaciones de crisis y ante que realidades se producen, como resuelve sus necesidades de gratificación ante una postergación, etc.

Mientras adquiere una nueva dimensión sobre el mismo y su enfermedad, realiza, en el proceso de vida en la Comunidad Terapéutica, un aprendizaje de reconexión con el mundo en el cual es partícipe activo y no sujeto pasivo de una cura que le va a ser dada desde "afuera" de sí mismo.

En este sentido, el concepto de rol terapéutico adquiere una dimensión amplia. A tal dimensión se arriba, en tanto esta función no está limitada a los profesionales de la salud.

El concepto de rol terapéutico abarca en su seno a la capacidad de cualquier persona de entablar vínculo vital que pueda servir para entender situaciones patológicas, para ser "espejo" de conductas conflictivas del otro, para brindar ayuda y para preservar el funcionamiento de la institución asistencial.

Siguiendo esta línea entendemos que la actividad psicoterapéutica no es patrimonio privado de nadie, aunque existan diferentes grados de responsabilidad y expectativa según la posición ocupada en la organización formal.

Todo el personal administrativo, profesional y de servicios debe estar capacitado, por tanto en un doble sentido: en su tarea específica y en la importancia de su función en la acción del conjunto, en el "porqué" y el "para qué" de las distintas modalidades organizativas de la Comunidad Terapéutica.

Ninguna actividad laboral puede quedar aislada del funcionamiento comunitario debido a que, una institución asistencial, se acerca a convertirse en una Comunidad Terapéutica cuando desarrolla en sus miembros un estado de conciencia permanente de lo que aspira a lograr.

De esta manera el rol terapéutico puede ser, y se favorece que así sea, ejercido por los propios residentes en rehabilitación.

Así se los integra globalmente en la actividad del conjunto y se les posibilita, por consiguiente, ejercer una actitud que les permite realizar acciones coordinadas que tienen un saldo hétero y autorreparatorio.

C) El modelo de abordaje de la persona adicta:

Si bien de los puntos anteriores se desprenden características de este modo de abordaje, deseo explicar un poco más el polo vital en que se sitúa la Comunidad Terapéutica para pretender rescatar al drogadependiente de la soledad en que se hunde. Soledad a la que desconoce, niega y que es producto de la marginación en que se encuentra, "...el adicto se encierra en su soledad tóxica y confiere a su pobreza la envergadura de un milagro colmado de sentido" .

La Comunidad Terapéutica busca conmoverlo al presentar el encuentro con el otro como una de las bases en que asienta su terapia. Este encuentro es, a la vez, descubrimiento, en tanto la presencia del "otro" es negada por el adicto desde la narcisística estructuración de su personalidad.

En este proceso el adicto va encontrando que el "otro" (o "lo otro" indistintamente: persona, grupo, institución, norma) tiene ideas acerca del sí mismo, el cuerpo, la sexualidad, la vida y la muerte.

Descubre que es por los conflictos ante estos mismos problemas que aparece la adicción, en la que disuelve su existencia, como un intento mágico-omnipotente de enfrentarlos en su vínculo con la droga, y es allí donde la muerte que, negada desde su omnipotencia, retorna disfrazada de "placer", "vida" o "paraíso".

En este sentido la Comunidad Terapéutica promueve un trabajo para constituir, primero, esta dualidad novedosa y regeneradora del adicto y, en tanto este "yo-otro" constitutivo de una nueva estructura se desarrolla, se accede progresivamente a la instancia personificante del "nosotros": nosotros trabajando conjuntamente para mejorar nuestra calidad de vida y construyendo, no ya un proyecto individual empobrecido, sino un proyecto social a partir del cual es posible encontrar un sentido que sea organizador de la propia vida.

Así observamos que el residente en rehabilitación halla, en la Comunidad Terapéutica, un mundo diferente de relaciones que lo impactan y lo sorprenden porque lo sitúan en un estatuto distinto. Lo desubican de su solitario mundo dependiente y autodestructivo para comprometerlo en una estructura que, por norma constitucional, hace de la existencia (en el sentido de ex-sistire) algo descentrado de uno mismo.

En esta nueva alternativa está la posibilidad de encuentro con la vida, el amor, con las normas y el modelo de identidad que proporcionan una capacidad de integración activa y creativa con la realidad.

La Comunidad Terapéutica es un concepto dinámico, ágil y transformador. Por ello no es un serie de técnicas comunitarias que "deben" ser aplicadas.

El concepto "Comunidad Terapéutica" nos habla de un análisis teórico de una organización asistencial que, desplegada en un tiempo y un espacio que condicionan su contexto, debe convertirse en un instrumento transformador de personalidades cuya patología necesita un continente con alto grado de conciencia sobre sus objetivos para que posicione, al contenido técnico-operativo, en condiciones de alcanzar dichos objetivos.




 
lamira